
Los momentos de impás, que son muchos, nos enseñan que nuestra paciencia es siempre mucho mayor de lo que pensamos. El impás no es esperar, es algo más. Las esperas son cortas, el impás es desesperante, tu mente se convierte en algo parecido a la fotografía de hoy. Pero si algo podemos hacer es aprender a vivirlos como una forma de educar nuestra paciencia. Si tienes poca, consigues aumentarla, y si eres una persona paciente puedes llegar incluso a vivir esas situaciones como una forma de conocerte mejor a tí mismo. E incluso tomar futuros momentos de impás como un reto, un juego. Eso, o te lo tomas como una putada más de la vida. Y como de éstas ya hay muchas, me quedo con la primera. Como alguno se lo estará preguntando... sí, vivo un momento de impás.